
"No son ideas originales ni propias todas –dice el autor–. Son elaboraciones a partir de otras sugerencias teóricas, especialmente del historiador costarricense Rodrigo Quesada Monge. Creo que las mismas se ajustan muy bien, como documento base, para una discusión que aterrice en medidas prácticas de cara a la lucha contra el TLC en Costa Rica, y a la resistencia posible en caso de su aprobación". Y agrega:
"Aunque se puede extender a toda la realidad latinaomericana".
Adriano Corrales Arias*
"Controlar la vida privada de las personas, diseñar sus sueños y condicionar sus utopías, sería el triunfo más logrado de los ideólogos de la globalización", según el historiador Rodrigo Quesada Monge.
Eso quiere decir que la amistad, la solidaridad, la memoria colectiva e individual, la paz, el amor, la ensoñación creadora, en fin la vida; son la respuesta que nuestros pueblos globalizados deben enarbolar para no sucumbir ante el tremendismo neoliberal que plantea una única salida capitalista plagada de frustración deshumanizada, es decir de necrofilia.
Dentro de esa perspectiva esbozo las siguientes propuestas, como fundamentos de una respuesta digna del artista y del escritor, del intelectual y el promotor cultural ante la modificación de las políticas culturales en América Latina, y como posibles líneas de acción para una Plataforma de Resistencia ante la globalización bajo esquema neoliberal, que permita la defensa de las conquistas sociales y la transformación de las actuales relaciones de poder, en nuestro país y su entorno regional:

1. Debemos proponer la recuperación de un espacio esencial que la burguesía y el capital aún no reconquistan totalmente: la posibilidad del diálogo personal con el otro, con los demás.
2. Promover el desarrollo de una subjetividad crítica y creadora, que recupere lo contestatario, la insubordinación intelectual y práctica, para cuestionar socialmente el "sentido común" pragmático, impuesto por el neoliberalismo.

3. Enarbolar la humanización del trabajo y la reconversión del consumo.
El primero debe convertirse en un actividad solidaria, creativa, segura, equitativa, enriquecedora de la cultura y en balance con el reposo, la recreación y la naturaleza.
El segundo para que el proceso de formación y usufructo de necesidades sea democrático, que parta de una distribución justa de los bienes generados con pleno acceso de todos.


5. Destacar nuestra riqueza pluricultural, multiétnica y multilingüe, así como sus intensas posibilidades de sincretismo, hibridación y mixtura de géneros.

6. Fortalecer el ejercicio de la memoria, tanto individual como colectiva, para darle continuidad a nuestros sueños. Esto significa resemantizar –recrear– nuestras historias con la capacidad transformadora de la imagen artística y la palabra compartida.

7. Reivindicar la sensualidad y la espontaneidad como factores inherentes a nuestra capacidad de vida. Frente a la cordura necrófila del sistema, la Locura de sabernos vivos, el humor, la sátira y el sarcasmo, son la puerta grande por donde salimos a protestar contra el orden caótico de la productividad y la cosificación de la realidad.



10. Construir y desarrollar redes alternativas de intercambio y producción de nuevas formas y experiencias artísticas.
Para "desmercantilizar" el arte y la literatura no basta con buenas intenciones o manifiestos, debemos entablar el diálogo con otros creadores y abrir las fronteras de la creatividad para potenciar producciones compartidas o distribuir de otra manera las nuestras. Ir al encuentro con los otros. En otras palabras, debemos oponer a la globalización homogeneizante el amor, la amistad, los sueños y la poesía desde nuestras propias posibilidades creadoras y comunales, no solo en la producción, sino también en la difusión y en la circulación de los bienes culturales.
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